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Hay quien considera como una de las ciudades más bellas del
mundo esta equilibrada combinación de pequeños montes, edificios señoriales y
mar. Porque el mar Cantábrico es casi un donostiarra más. La ciudad se dispone
en torno a la bahía de La Concha, protegida del oleaje por la isla de Santa
Clara y abrazada por los montes Urgull e Igeldo. Los cambiantes colores de la
bahía bordeada por las playas de La Concha y Ondarreta siempre deslumbran.
Donostia-San Sebastián es una ciudad
con vistas al mar que, con algo más de 180.000 habitantes, mantiene una escala
humana. A la mayoría de los puntos de interés puede llegarse cómodamente a pie,
recorriendo sus paseos y ejes peatonales. Otra fórmula con creciente aceptación
es el uso de la bicicleta, para la que existe una red de 'bidegorris'
(carriles-bici).
El esplendor de Donostia-San Sebastián
durante la 'Belle Epoque', cuando era lugar de veraneo de la aristocracia
europea, ha dejado hermosas construcciones, como el Gran Casino (actual
Ayuntamiento), el Palacio de Miramar, residencia veraniega de la Corte, o los
puentes sobre el río Urumea. Anteriores son las casas de la Parte Vieja,
repleta de bares y restaurantes.

En la Parte Vieja es palpable la pasión local por la gastronomía. Desde la
cocina en miniatura de los 'pintxos' hasta los restaurantes de los maestros de
la cocina de autor, el buen comer es uno de los mandamientos donostiarras. Otro
elemento distintivo es su intensa vida cultural, que abarca desde pequeñas
actuaciones en los barrios hasta grandes manifestaciones, como el Jazzaldia, la
Quincena Musical y el Festival Internacional de Cine.
Donostia-San Sebastián es un foco
cultural, turístico, de servicios y congresos, muchos de los cuales se
desarrollan en el palacio del Kursaal. Sus dos cubos acristalados aportan una
imagen de vanguardia a un entorno clásico pero que también ofrece formas
contemporáneas en las esculturas de Eduardo Chillida (el Peine del Viento) y
Jorge Oteiza (Construcción Vacía) que, como donostiarras y visitantes, se
asoman al mar.
Tan
pequeña, tan grande
Con una
marcada identidad propia y la gastronomía como estandarte, San Sebastián-Guipúzcoa
condensa en un pequeño territorio grandes atractivos.
Es San
Sebastián-Guipúzcoa el territorio histórico más pequeño en extensión de la
Comunidad Autónoma Vasca y de todo el Estado. Ubicada en el Golfo de
Bizkaia, en pleno eje Atlántico, sus 2.000 kilómetros cuadrados están
vertebrados por el curso de seis ríos (Bidasoa, Oiartzun, Urumea, Oria, Urola y
Deba), que nacen en las cercanas montañas.
Donostia-San Sebastián es la capital y una de las citas ineludibles de toda
visita a San Sebastián-Guipúzcoa. Desde que la reina María Cristina se
enamorase de la bahía de La Concha y trasladase aquí la Corte de verano, muchos
han sucumbido a los encantos de esta ciudad hermosa, humana y equilibrada,
que combina al borde del mar pequeños montes, suaves playas, señoriales edificios
y largos paseos que cubrir a pie o en bicicleta. Su animada Parte Vieja, su
incesante vida cultural y la huella que en ella han dejado creadores como
Eduardo Chillida hacen de Donostia-San Sebastián un lugar al que regresar.
Sin embargo, sólo una cuarta parte de los guipuzcoanos vive en la capital. En
este territorio pequeño pero intenso, que cada vez se considera más como una
gran ciudad dispersa que como una pequeña provincia, cada comarca tiene su
personalidad y hay motivos sobrados para acercarse a muchas de sus
localidades. Los 86 kilómetros de costa guipuzcoana alternan los acantilados
originados por la erosión, limpias playas y puertos pesqueros de gran
tradición. Los museos de Zumaia, los asadores de Getaria, la gran playa de
Zarautz o las calles medievales de Hondarribia son sólo algunos de los
estimulantes atractivos del área que conocemos como Gipuzkoa Costa.
Del azul al intenso verde del interior. Los aficionados a la montaña o a un
senderismo suave cuentan con un sinfín de recorridos entre caseríos, ermitas y
medianas cumbres. Los parques naturales de Aizkorri y Aralar o el biotopo
protegido de Leizaran son espacios recomendables dentro de la Gipuzkoa Verde,
que ofrece el encanto de sus pequeños núcleos rurales, el interés histórico de
villas como Tolosa, Oñati, Bergara, Segura u Ordizia, además de esa
imprescindible Ruta de los Tres Templos que une los hitos de esta tierra
ignaciana: la basílica de Loiola, la ermita de La Antigua y el santuario de
Arantzazu. 
Es San Sebastián-Guipúzcoa un territorio con tradición turística pero no
de un turismo masivo sino del que sabe compartir con los visitantes los mismos
placeres que apasionan a los propios guipuzcoanos. Ante todo, la
gastronomía, en todas sus manifestaciones. Una alta calidad de vida, que
reflejan desde sus comercios hasta sus instalaciones termales. Una intensa vida
cultural, plasmada en espectaculares festivales pero también en una cuarentena
de interesantes centros museísticos. El respeto por las tradiciones vascas, así
como el euskara, lengua que habla un alto porcentaje de la población. Y unas
contagiosas ganas de vivir.
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